LO QUE DEJÓ LA PARTICIPACIÓN SUDAMERICANA EN EL US OPEN
Raimundo Gregoire Delaunoy
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| El argentino Juan Martín del Potro se quedó con el main draw masculino del US Open, dejando en lo más alto a Sudamerica, asunto que, lamentablemente, no se repitió en juniors. (Foto:
Philip Hall/usopen.org) |
Acaba de terminar el último Grand Slam del año y, con ello, parece necesario realizar un análisis respecto a la campaña de Sudamérica en este importante torneo.
Más allá de la luminosa victoria del argentino Juan Martín del Potro ante el suizo Roger Federer en el cuadro principal masculino, la primera gran pregunta es qué tanto se puede medir, acerca del desarrollo del tenis sudamericano, en un solo campeonato. La respuesta es bastante contundente, pues es en este tipo de eventos donde los jugadores demuestran su nivel, ya que compiten contra los mejores del mundo.
Por eso, la evaluación tiene que ser profunda y objetiva, pero siempre tomando en cuenta que hay matices, especialmente cuando se habla de regiones y países con menores recursos y un menor progreso que, por ejemplo, Australia, Europa y Estados Unidos.
Esa es la realidad de Sudamérica, continente que viene trabajando bastante bien en los últimos años, pero que a pesar de eso aún no logra acortar las diferencias con otras zonas del mundo. Y aquello es algo lógico si se toma en consideración el contexto político, social y económico en el cual funcionan las asociaciones y federaciones nacionales, además de organismos regionales como COSAT.
En Europa, por dar un ejemplo, muchas veces hay un fuerte compromiso del estado, que se encarga de costear los gastos en la formación de los deportistas de alto rendimiento. En Sudamérica, aquello no acontece y por eso la responsabilidad de lograr desarrollar al tenis recae en las federaciones y asociaciones nacionales, además de la COSAT y el apoyo que entrega la ITF.
Es así que los resultados obtenidos en la reciente versión del US Open junior son bastante positivos, aunque con algunas falencias que deben ser examinadas.
En lo que respecta a la cantidad de tenistas que participaron en este torneo, no queda duda que el número fue bastante generoso, ya que en hombres estuvieron presentes nueve tenistas, mientras que en mujeres fueron dos. Idealmente, sería mejor una mayor presencia femenina, pero si se sigue trabajando en la medida que se ha hecho hasta ahora, no sería descabellado pensar que esta cifra aumentará en 2010.
En cuanto a los resultados en sí, de los nueve hombres, seis fueron eliminados en primera ronda (el peruano Duilio Beretta, el venezolano David Souto, el brasileño Guilherme Clezar y los argentinos Renzo Olivo, Agustín Velotti y Facundo Argüello). De los tres restantes, dos llegaron hasta la tercera ronda (el argentino Andrea Collarini y el brasileño José Pereira) y uno avanzó hasta los cuartos de final (el brasileño Tiago Fernandes). Sin embargo, se debe rescatar el hecho que ninguno de ellos perdió vapuleado y, de hecho, algunos de ellos cayeron en el máximo de sets. Aquello podría sonar a “consuelo de perdedores”, pero no es así, pues lo importante es seguir compitiendo con los mejores del mundo. Más allá del triunfo o la victoria, lo importante es que en este tipo de partidos los sudamericanos van ganando en competitividad, potencia y ritmo de juego. Además, y eso es fundamental, se van dando cuenta de la variable psicológica y lo mucho que influye en sus resultados.
Lo mismo ocurre en las mujeres, pues las dos participantes (la argentina Paula Ormaechea y la paraguaya Verónica Cepede) quedaron eliminadas en su debut, pero ambas lo hicieron en forma estrecha.
Por eso, da la impresión que las diferencias con Europa, Australia y Estados Unidos no son técnicas, sino que físicas y, principalmente, mentales. Y este es el punto en el cual hay que poner atención, ya que la fortaleza psicológica es lo que muchas veces marca una diferencia. Lo dicen los entrenadores, los psicólogos, los padres de tenistas, los que trabajan en las asociaciones y federaciones, etcétera. Pero, lejos lo más relevante, es que son los mismos tenistas quienes asumen la parte psicológica como la base de sus derrotas ante tenistas de igual nivel.
Siguiendo esta línea de análisis, no debiera sorprender, entonces, que los mejores resultados numéricos llegasen en la competencia de dobles. En este sentido, es importante mencionar que esta es una tendencia que se mantiene y que se ha visto, por ejemplo, en las giras de los equipos COSAT por Europa.
Ahora, tampoco es que haya una gran diferencia, pero en términos de estadística quedará que una pareja argentina (Argüello y Velotti) llegó a semifinales y que otro tenista de Argentina (Renzo Olivo) avanzó hasta los cuartos de final. En damas, Cepede pudo ganar el partido de primera ronda, algo que en no ocurrió en singles.
En fin, más allá de los resultados y de ciertas tendencias, es importante darse cuenta que este tipo de torneos son los que permiten realizar un diagnóstico, que si bien no la panacea, al menos permite tener una visión acerca de si los esfuerzos y el trabajo realizado van en la dirección correcta.
Y en este sentido, dejando a un lado las estadísticas, no queda duda que se camina por un buen sendero. Hay que seguir dándoles oportunidades a tenistas de Sudamérica. Que vayan a giras por Europa y Estados Unidos. Que disputen los principales torneos y que jueguen con los mejores exponentes del tenis juvenil. Que tengan apoyo económico, pero también psicológico.
En conclusión, el US Open 2009 deja como gran legado la necesidad de seguir trabajando como se ha hecho hasta el momento, pero siempre pensando que se puede hacer aún más. Es cierto, son políticas de largo plazo, pero por eso se ha ido trabajando dentro de los tiempos. Cada vez es mayor el número de torneos en Sudamérica y, en forma consecuente, la cantidad de tenistas, juveniles y profesionales, también va en aumento. Las giras también van en ascenso, ya sea en calidad o cantidad, y eso es otro gran apoyo.
Pero todo dependerá, finalmente, de los tenistas, porque son ellos los encargados de comer lo que corresponde, entrenar todo lo que sea necesario y estar conscientes de sus falencias.
